martes, 3 de febrero de 2015

Capítulo catorce

La cabeza se te partía. No habías dormido nada ya que tu noche se había basado en llanto, llanto y más llanto. Seguías sin entender por qué todo tenía que volver a vos. A él. Otra vez.

Lo había cambiado todo hace tres años. Todo. Cuatro días le habían bastado para hacerte la mina más feliz y para romperte en mil pedazos. Habías pensado que con él todo podía cambiar. Capaz era el tren ese que dicen que pasa solo una vez y vos no lo ibas a dejar pasar, pero ahora te repetías todos los días que lo mejor hubiera sido ni arrimarte a la estación.

Por lo menos tus ojos se abrieron a tiempo y te dejaron a la vista de que ese no era tu tren, y pudiste bajarte antes de que terminara su recorrido en una vía sin terminar. Pero hoy todo parecía volver. Todo era un flashback, un deja vú. La única direfencia es que este flashback venía recargado a la décima potencia. Emociones mucho más fuertes, sentimientos que te atrapaban, te envolvían y te llevaban a un lugar donde querías estar aunque sabías que no debías ni podías estar ahí.

Harta de pensar, de recordar, de llorar y de toda tu noche básicamente, te dispusiste a levantarte y cambiarte para ir a hablar con Federico.

Te ibas.

Chau.

Necesitabas un descanso, un solo día había sido suficiente para agotarte de todas las formas posibles e imaginables (inimaginables también). Un fin de semana al mes aprovechabas para irte a tu departamento en el centro de la ciudad. Aprovechabas la soledad para salir a caminar, salir con tus amigos a bailar y cosas como esas.

Sacaste tu culo (cara y cuerpo en general) desastroso de la cama y te dirigiste al armario a vestirte. El día estaba nublado, frío y, en conclusión, estaba en perfectas condiciones para que tu estado de ánimo mejorara. Amabas los días así. Ayer (y durante casi toda la semana) la humedad y el calor se habían hecho presenten en París transformando una semana de pleno invierno en una semana digna de finales de marzo. Parecía que era primavera, si las copas de los árboles no se encontraran desfolladas y sin una solo hoja en sus ramas. En fin, el calentamiento global no va a terminar matando a todos, bah si nosotros no empezamos a cuidar más el mundo que tenemos nos vamos a terminar suicidando todos.

Bueno, visto el paisaje parisin adornado de tonos grises hoy, por el ventanal de tu habitación fuiste en busca de tu iPhone para chequear la temperatura.

Uau.

Cuatro grados!

Sí.

Lindo, lindo, lindo.

Era el día ideal para disfrutar un paseo por los Jardines Luxemburgo o el Jardin du Luxembourg, en francés. Aiiss, cómo amabas el francés. Sin duda era el idioma más hermoso del mundo. Igual que el español clásico. Ambos eran dos de los tres idiomas (además del español "argentino" básicamente) que hablabas con fluidez y conocías del derecho al revés, aunque siempre había más para aprender y eso te encantaba. El tercero era el inglés.

Sin embargo el francés te envolvía en su pronunciación, en su sentimiento. Te podían decir "sucer ma bites" y parecer que te decían el más hermoso poema. Todo sonaba bonito en francés. Todo... Beau.

Ah.

No ahora cuando querés irte para despejarte. Para olvidar. Para reconstruir tu muralla. Para encontrar el eje de nuevo. Definitivamente, NO AHORA.

Bloqueaste tus recuerdos (y no solo los de anoche) y fuiste al baño a higienizarte un poco. Lavaste tu cara para quitar las ojeras. Imposible. Suspiraste. Tendrías que maquillarte, al fin y al cabo.
Volviste a mirarte al espejo. Tu cabello era un asco. Puuff. Suspiraste de nuevo.

Cerraste los ojos un momento y te inclinarse hacia delante sosteniendo tu peso sobre tus manos que estaban apoyadas sobre el lavabo. Largaste una larga bocanada de aire.

Dios. Tenías que irte con urgencia de esta casa, solo un par de días.

Te hiciste un rodete con tu propio pelo y buscaste el poco maquillaje que tenías en la casa de Pedro. Te volviste hacia el espejo y empezaste tu tarea.

Primero colocaste cubre ojeras al rededor de tus ojos, pusiste un poco de rímel en tus pestañas que, ya eran de por sí largas, quedaban aún más largas y negras que de costumbre. Te colocaste rubor (apenas) en las mejillas para quitar el blanco tiza que dominaba tu cara.

Te miraste al espejo. Mejor. Mucho mejor. O sea, habías tenido días mejores pero peor era nada.
Una vez satisfecha con el aspecto de tu rostro te dirigiste al armario de tu habitación y buscaste qué ponerte. Finalmente te decidiste por unos chupines en tono marrón hueso, una remera blanca apenas al cuerpo y una pañuelo en combinaciones marrones y naranjas. Fuiste al baño (sí, de nuevo) y miraste tu cabeza en el reflejo del espejo, tomaste una gomita de pelo negra que se encontraba arriba del lavabo y te lo recogiste en una coleta aunque dejaste varios mechones de pelo fuera que caían sobre los costados de tu frente y algunos (casi) sobre tus ojos. Satisfecha con el "peinado", buscaste tu mochila de cuero negra y metiste tu iPhone, el cargador, los auriculares y el libro que tenías sobre tu mesa de noche. Te pusiste unas botas acordonadas marrones caña media y tomaste de tu armario una campera en verde amarronado. 

Ya lista tomaste tu mochila y saliste de la habitación en busca de Fede. No tuviste mucho que buscar, ya que entraste a la cocina y lo viste sentado en unas de las banquetas que acompañaban la isla del centro de la cocina.

- Está bien, ya te lo dije.

Lo escuchaste decir a la persona con la que hablaba por celular.

- Que sí te digo. - siguió, esta vez un poco exasperado. - Está durmiendo. No, no tiene entrenamiento esta semana. - suspiró. -  Porque pidió unas fechas libres.

Se dio vuelta para bajarse de la banqueta y sus ojos se cruzaron con los tuyos. Te hizo una seña para que lo esperaras un minuto, vos le sonreiste en respuesta y te dispusiste a prepararte un té. Necesitabas tomar algo antes de irte, tu estómago lo pedía a gritos.

Mientras el agua se calentaba, Fede te tocó el hombro para que te dieras vuelta. Tenía tu mochila (que habías dejado en el suelo al entrar a la habitación) con su mano desocupada y te la enseñaba con un gesto de confusión en su cara. Le susurraste que cuando terminara de hablar le explicabas.

- Sí. Que sí, mamá. - vaya hablaba con Ana. - Mamá. Mamá podés parar ya por favor. Tengo que cortar. - Fede suspiró ya cansado. - Bueno ma, yo le digo que te llame. Ahora te dejo que tengo que hablar con Paula. Sí, está justo a mi lado.

Sonreiste. Ana era la mina más buena del mundo. La habías conocido hace unos meses cuando acompañaste a Fede a la casa de sus padres a buscar unas cosas. Habías estado nerviosa por conocer a sus padre pero tanto Ana como Horacio te habían recibido de lo más bien, agradecidos con Fede por llevarte y presentarte de una vez con ellos ya que Pedro nunca lo había echo. En fin, lo que parecía que sería una cita corta terminó siendo una almuerzo y tarde acompañado de Ana, Horacio y Fede agasajandote de mil maneras distintas.

Los padres de Pedro y Fede eran dos personas del todo humildes, sencillas y discretas. A pesar de su gran fortuna por el trabajo de Horacio, ambos se mostraban completamente como personas normales. Podrían ser el vecino, padre o abuelo de cualquiera. Habían preguntado por tu trabajo, cómo habían sido tus estudios, tu vida diaria y muchas otras cosas. Vos te interesante mucho en el trabajo de Horacio. Te había parecido de lo más interesante.

Alfonso Enterprises & Holdings no abarcaba solo el negocio de la construcción de grandes hoteles, edificios con apartamentos de lujo, centros culturales; o el mercado de las telecomunicaciones. No. Horacio Alfonso era un hombre... ambisioso? Sí, puede ser, pero vos lo definías como un hombre curioso que quiere saber todo de todo y eso te encantaba. Te comentó que le había interesado mucho la idea de invertir en una cadena de restaurantes. De ahí había salido por boca de Federico el hecho de que a vos se te daba muy bien la cocina. Horacio se había sentido muy intrigado al respecto y te preguntó mucho sobre el tema. Esa charla se te dio de lo más bien ya que tu mamá y tu abuela te habían enseñado todo sobre cocina y lo relacionado. Conocías el mercado de "pe" a "pa" porque lo habías investigado desde pequeña aunque tu padre (después de la muerte de tu mamá) no te apoyó nunca. En fin, ese día sí que había sido de lo más bueno. Desde entonces los veías de vez en cuando su ibas con Fede a la casa o Ana solía llamarte para saber cómo andabas. Te hacía acordar mucho a tu mamá y la habías aprendido a querer ni bien la conociste.

Volviste a la realidad cuando Fede te tocó el hombro.

- Mi mamá te manda un beso y dice que la llames.

Largaste una pequeña risita, seguro que eso último se lo había dicho en tono de reproche porque hacía varias semanas que no hablabas con ella.

- Sí, estas últimas semanas me olvidé de hablar con ella. Estaba muy enojada?

- Ya se le va a pasar. Ahora, señorita, no trate de esquivarme el tema. A qué se debe la mochila.

A todo esto vos ya estabas con tu taza de té en la mano.

- Me voy, Fede. Necesito un respiro. Será solo el fin de semana. El lunes me tenés acá de nuevo. - dijiste respondiendo a su pregunta.

- Es por lo que pasó ayer con Pedro, no? Este pendejo. Es para matarlo. Anoche te hizo algo verdad?
- Uou, uou. Pará Fede. No es por eso, es solo que estoy muy cansada, mucho stress. Quiero un respiro. Además sabés que me tomo un fin de semana al mes.

MENTIRA, te gritó tu subconsciente que te miraba mientras golpeaba el pie en el piso con los brazos en jarras pegados a la cadera. Tenía razón, vos y ella (tu subconsciente) sabían perfectamente que lo hacías para alejarte de Pedro y recobrar la compostura.

Suspiró.

- Sí tenés razón. Perdona. - dijo medio apenado y exhalando derrotado. - Lo que pasa es que lo de ayer me agotó, sobre todo el hecho de que Pedro la cagara tanto con vos.

Le ragalaste una sonrisa. No era el único.

- Está bien Fede, no te disculpas que no tenés por qué. Ya pasó. Y lo de ayer... olvidatelo, no fue nada. Ahora, si no te molesta me voy llendo. Quiero aprovechar el fin de semana al máximo. - y terminaste la oración giñándole un ojo.

Fede soltó una fuerte carcajada.

- Claro. Cómo no lo pensé antes. Día nublado, frío, viento. Este es uno de tus días, sobre todo porque es perfecto para terminarlo tapado hasta las ojos mirando alguna serie o película romántica, comiendo chocolate, o no? - levantó una ceja inquisidora.

Y ahora la que carcajeó eras vos.

- Siempre. - respondiste sonriendo.

- Bueno Chaves, ahora vamos que la acompaño hasta la cochera a retirar su auto.

Fede te tendió el brazo para que enrroscaras el tuyo en el de él. Volviste a carcajear pero le seguiste el juego.

- Muchas gracias caballero. - dijise inclinando la cabeza.

- El honor es todo mio madame. - respondió realizando una leve inclinación.

Riendo se dirijeron al garaje. Al llenar te subiste a tu auto mientras Fede abría el portón y te decía que le avisaras cuando llegaras.

Le regalaste una última sonrisa y arrancaste. Cuando llegaste a la carretera largaste una larga bocanada de aire.

- Bien Paula, es hora que recobres la compostura. Lo que pasó ayer no puede volver a pasar. No más. Nunca más. - y sonreiste irónica porque fue lo mismo que te repetiste tres años atrás. - Ya te enamoró una vez Paula, no podés dejar que lo haga de nuevo. La última te dejó el corazón partido en millones de partes. Te engañó, te mintió, se te cagó de risa en la cara. - lágrimas de bronca empezaron a caer por tus ojos. - Nunca más me voy a enamorar de vos Pedro Alfonso.

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Y acá estamos otra vez. Chotísimo el capítulo de hoy. CHOTISIMO, pero es lo que me salió.
Bueno, espero que disfruten la novela tanto como yo disfruto hacerla. Comenten por favor, no les cuesta nada; no es que me quiera forrear pero comenten porque sino voy a dejar de subir.

Bueno eso no más, los quiero.

Nare @nare_pauchaves.

PD: te puse el beau Fátima, así q no te quejes.

PD 2: ustedes entiende que Romina Gaetani se baja de Noche y Día y yo me quiero cortar las venas con una tira de pan. O sea no se puede ir *llora desconsoladamente*, encima el pelotudo de Vico con la trola de Mendoza... Aaiisss los odio.

PD 3: Gordas fans/escritoras y Agos, las amo con el alma, soy nuestra fan. Este capítulo es para ustedes.

PD 3: Candelaria dejá de ortivarte y escribí algo lindo por favor.

PD 4: Read this

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