jueves, 8 de enero de 2015

Capítulo once

Para cuando terminaste de recordar, te diste cuenta que el agua ya se estaba enfriando por lo que te lavaste la cabeza y el cuerpo rápidamente. Saliste y dejaste vaciar la bañadera. Te envolviste en la toalla, tomaste la crema del estante de mármol y te dirigiste a la habitación. Una vez allí dejaste caer la toalla que cubría tu cuerpo para deslizar la crema que habías botado en tu mano unos minutos atrás. Amabas esa crema por el olor a lavanda que tenía, te refrescaba. Al terminar, te colocaste el conjunto de ropa interior limpio uno short y musculosa de diario (porque no e contrabas tu piyama) y te metiste en la cama. Eran recién las tres de la tarde y hambre no tenías. Necesitabas descansar.

Ya en la cama, tomaste tu libro de la mesa de noche. Leer era uno de tus pasatiempos favoritos, sobretodo cuando se trataban de historias de amor.

Vos no eras ilusa, sabías que el hombre perfecto no existía pero esperabas algún día encontrar a alguien que te amara tal y como eras. Tampoco es que estabas muy apurada, pero en fin, sólo querías lo que cualquier mujer quiere; o no?

Abriste el libro en la página donde habías quedado la última vez y continuaste la lectura. La historia trataba sobre una decoradora de interiores que se enamoraba de su cliente: una estrella del baseball. Habías llegado a la parte del primer encuentro sexual entra ambos. La verdad era que la tensión sexual se notaba desde el principio del libro pero ahora el fuego los había quemado por completo.

Leías y leías, sin darte cuenta que te encontrabas pensando en Pedro y su encuentro de hoy en vestidores.

Ah. Un gemido escapó de tu boca. No te lo podías creer.

Estabas excitada desde las cabeza a los pies y no era solo por el libro. Eras virgen, no estúpida. Sabías del tema pero no esperabas ponerte así por un recuerdo... CON PEDRO.

Tus ojos continuaban la lectura mientras dejabas que el recuerdo de Pedro golpeado sus cadera contra las tuyas te invadiera la mente.

Una de las manos con la que sostenías el libro cae hacia el costado de tu cuerpo. Estabas extaciada. Tu mirada bajaba por los renglones del libro captando los lujosos detalles del encuentro erótico entra ambos amantes.

La mujer jadeaba incontrolablemente.

Como vos.

Gemía.

Como vos.

Y gritaba mientras su amante acariciaba su sexo con los dedos.

Como v...

QUÉ CARAJO!

Tu mano estaba en tu entrepierna... Dentro del short de piyama... CON TUS DEDOS ACARICIANDO TU INTIMIDAD POR ENCIMA DE LAS BRAGAS MOJADAS.

QUÉ MIERDA!

Cerraste el libro con impaciencia y lo dejaste sobre la mesita de noche. Nunca habías hecho algo así. Jamás. Y no ibas a empezar ahora. Y menos que menos pensando en Pedro.

Nunca. Jamás. Never.

No entendías qué te pasaba. No podías procesar nada. Tu corazón estaba acelerado y tu día se había basado en Pedro, tan simple como eso.

No podías ni ibas a caer en su juego. Era un hijo de puta. Una mierda de persona. Qué carajo pasaba por tu cabeza cuando lo pensabas como hombre (y ahora, acá, y entre nos, no era la primera vez que lo hacías).

De pronto una angustia llenó tu pecho. Estabas llorando, de nuevo.

Eras sencible, sí; pero por primera vez no entendías por qué llorabas y empezabas a entender a Federico cuando se burla de vos diciéndote que lloras por todo sin sentido. Sin embargo, tu corazón se oprimía contra tu tórax.

Aahh!

Lo detestabas. Te ponía los nervios de punta.

Así como si nada, estabas acostada en tu cama, llorando e insultando a Pedro.

- No tenés derecho a hacerme nada de esto, Pedro. Nada. Prometí que pasara lo que pasara no iba a caer en tus engatuzadas. - practicamente gritabas a la almohada. - Iba bien. Llevaba un año. Un año y no me habías ni respirado cerca (bueno, salvo esa vez que tomó el pedo de la década más o menos), pero hoy como si nada me tenías queriéndote entre mis piernas. Estás tirando mi barrera Pedro y no puedo dejar que lo hagas. No sabiendo lo que hiciste. No sabiendo lo que podés hacerme.

Llanto desconsolador te ocupó completamente. Esto estaba fuera de todos los límites de coherencia.

No querías confesar que Pedro te atraía físicamente. Mucho. Cuando eras chica lo habías visto en los programas de deportes y solías decir que era tu novio, pero no solo por lo físico. Todo te gustaba de él. Su personalidad, sus ojos, como se preocupaba por todos...

Pero qué mierda pensás, Paula?

Agradeciste haberte cruzado con esa mujer hace unos años atrás y que te abriera los ojos. Nada es como creemos. La verdad duele, sí, pero al fin y al cabo es la verdad.

Continuaste llorando por un rato largo y al parecer te quedaste dormida porque cuando abriste los ojos nuevamente, observaste las luces de París desde tu ventana, todas encendidas. Era el mejor espectáculo en la ciudad (o por lo menos para vos).

PAM. PAM. PAM.

Y eso?

PAM. PAM. PAM.

Pero qué...?

PAM. PAM. PAM.

- Paula. Paula. Abrí la puerta. Sé que estás adentro.

Pedro!

Tu corazón se aceleró.

- Paula. - lo escuchabas gritar desde el otro lado de la puerta.

Tu cabeza estaba a mil y tu corazón... Tu corazón. No sabías si latía demasiado rápido o directamente no lo hacía.

- Paula. Se il vous plaît, beau.

Te quedate sin respirar. Cuando hablaba en francés te podía. Siempre fue así, desde el día cero.

Ya no entendías nada. Vos no te entendías a vos misma. Tampoco entendías qué hacía Pedro tocando tu puerta a las... Doce... Doce de la noche. Parece que estabas cansada, porque dormiste un poquito.

Volviendo a Pedro... Pedro. Estaba justo frente a vos.

Pero qué...

Vos, parada como estúpida frente a la puerta abierta de "tu" habitación. Alto! Vos habías abierto la puerta. No sabías en qué momento, pero...

- Pau... - Pedro estaba dentro de tu habitación. Sí, dentro... Con la puerta cerrada y acorralándote contra ella mientras te abrazaba.

Qué...

- Pau... Dónde estabas? Dónde estabas? Por qué no estabas conmigo? - Pedro hablaba en tu oído y vos ni te mosqueabas. Estabas a punto de abrazarlo, pero reaccionaste.

El sueño. Sí, es eso. Todavía no me espabilé del todo.

Estaba borracho. Este chico tiene algo de agarrarse la con vos cada vez que se pone en pedo.

- Pedro rajá de acá y andá a ducharte para sacarte el olor a alcohol que tenés en el cuerpo. - ya estabas ofuscada y lo querías lejos tuyo (más o menos).

- Beau, ne lâche pas. - susurró sollozando en tu oído. Suspiraste y lo abrazaste, fuerte.

Necesitaba eso (vos también).

El día había hecho algo con vos. No podías verlo así. Querías al Pedro tarado e infumable de siempre.

Tu barrera se desarmaba de a ladrillos. No podías dejar que pasara. Pero tampoco ibas a dejarlo así.

- A ver Pedro, vení. - quisiste apartarte de él.

- Ne lâche pas. - te apretó más fuerte contra sí.

- Vamos Pedro. - pero no te soltó.

Querías llevarlo a la ducha y meterlo bajo el agua fría para que se le fuera el pedo que tenía, pero el hombre tenía que colaborar.

- Pedro, acompañame, dale. - usaste un tono más suave. - Dale, Prince de Paris. - articulaste suave en francés.

Él te miró unos segundos y te soltó. Querías volver a abrazarlo.

Lo dirigiste hasta el cuarto de baño y lo dejaste apoyado en el marco de la puerta mientras abrías el grifo de agua fría.

Te acercaste para tomarlo de los brazos y llevarlo al agua. Se dejó.

Bien. Capaz ahora te la hacía fácil.

- Metete ahí, Pedro.

- Pero está fría, beau.

- Adentro. - lo miraste a los ojos. Se miraron.

Ahora con la luz del cuarto de baño podías verlo bien. Tenía todo su pelo revuelto y la ropa desalineada. La expresión de su rostro... Aahh... Era un hermoso rostro. Así todo despeinadito. Sus ojos miel.

Ay, Paula!

Sacudiste la cabeza y volviste a mirarlo. Su mirada seguía fija en vos.

- Vamos, Pedro. Adentro. - y volviste a señalar la ducha.

Te miró unos segundos más.

- Como quieras, beau.

Antes de que siquieras lagaras todo el aire de tus pulmones estabas empapada bajo la helada ducha.

Pedro te miraba sonriente y vos hervías de furia.

- Sos un pelotudo nene. Qué haces? Pero quién te pensás qué s...

Te perdiste. Completa y totalmente. Sí. Justo en el momento en que sus labios se estamparon contra los tuyos.

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Y sí. Sí. Sí. Al fin! Bueno, más o menos, todavía no sabemos si es un sueño de alguno de los dos o qué. :O.

Espero que disfruten del capítulo de hoy. Medio tarde.

Gracias por leer y espero sus comentarios porfas.

Linda noche para todos, los quiero.

Nare @nare_pauchaves

PD 1: No sé si te dedico este capítulo Fátima. Es demasiado (caritas que ya sabés) como para dedicartelo. Demasiado bueno. Así que no sé.

PD 2: Read these, pls

http://elpoderdetuamorpyp.blogspot.com.ar (@pedroexist)

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3 comentarios:

  1. Q lindo cap!!!!!! Quiero saber q le pasó a Pepe para q le diga q tendría q haber llegado antes? Y cn facundo q pasó? Muchas intrigas! Jajaj espero ansiosa el prox cap bsoo @GraciasxTodoPYP

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  2. NARELLA LOCO TE AMO SUBIS OTRO HOY LO SE LO SE!! AAA MAMA QUIERO MAS DL BESO Y !SI! ESTOY GRITANDO bueno ya dejo de gritar pero.. NI SIQUIERA SE LO QUE DIJO EN FRANCES PERO AAAA QUE SEXY ahre bueno me fui teremilcaeme

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